En los últimos tiempo oímos mucho hablar del emprendimiento. En época de campaña electoral, partidos de todos los colores incluyeron en sus programas medidas para mejorar la situación de los emprendedores, como bajar la cuota de autónomos y otros tipos impositivos para los trabajadores por cuenta propia. Pese a que, en muchos aspectos, es algo arriesgado, lo cierto es que el emprendimiento está de moda. Cada vez son más las startups que surgen y desarrollan iniciativas, muy interesantes en ocasiones, tratando de buscarse un hueco en el mercado. Desde las instituciones se hace un esfuerzo por fomentar y ayudar al empleo por cuenta propia pero ¿por qué los emprendedores son importantes para la economía de un país?

Emprendedores y economía ¿una relación saludable?

El volumen de emprendedores que tiene un país es un buen indicativo de cuál es la salud de la que goza la economía del propio país. Aunque los contextos económicos y sociales en cada Estado son completamente distintos, parece que en tiempos de recesión económica, ante el freno o la imposibilidad para encontrar trabajo, el ánimo emprendedor se incrementa. Precisamente este carácter de respuesta ante la ausencia del empleo  es uno de los motivos por los que se considera al trabajo por cuenta propia como uno de los aceleradores de la economía.

El ánimo de emprender, evolucionar y crear nuevas dimensiones para los mercados que, en ocasiones llegan a mostrarse demasiado estáticos, es una de las claves que ayudan al desarrollo de la economía. Precisamente este ánimo de evolucionar es lo que permite la presencia de nuevos producto y servicios que, a su vez, incentivan tanto el consumo como la creación de nuevos empleos. Con este aire innovador se permite también que la economía llegue a explorar nuevos mercados en los que desarrollarse.

Emprendimiento y efecto cascada

El emprendimiento es uno de los mayores y mejores activos de los que puede gozar una economía ¿por qué? Hablábamos antes de las posibilidades de crecimiento que ofrece para en el ámbito de la proyección de nuevos mercados. Pero se debe hacer una lectura más extensiva puesto que, esta prospección en nuevos mercados, incrementa las posibilidades de la economía de encontrar nuevas variables que beneficien el crecimiento de su riqueza.

Pero, además de ello, no se debe perder de vista el efecto cascada que el trabajo por cuenta propia genera. Cuando una startup despega, cumple sus objetivos y consigue hacerse un hueco dentro del mercado incide de forma directa en el mercado laboral puesto que, en el mejor de los casos, se efectúan nuevas contrataciones, lo que a su vez contribuye a mejorar la recaudación fiscal o el aumento del gasto público. Tal vez esto suena como la versión económica o labora del cuento de la lechera, pero haciendo un análisis objetivo tiene todo el sentido. Cuanto más se potencie el emprendimiento en un país, más se está potenciando el talento y la creatividad que permitirá un crecimiento del mercado y de la economía.

Emprendimiento: un factor de cambio

El concepto de emprendedor fue empleado por primera vez en el siglo XVIII por el economista francés Richard Cantillón. Por este entonces, Cantillón definió al emprendedor como aquel agente económico dedicado a la compra de medios de producción a un precio determinado con el objetivo de combinarlos y crear un nuevo producto.

A este concepto,  Jean-Beaptiste Say (economista francés) incorporó una nueva variable marcada por el liderazgo. Para este economista los emprendedores son líderes capaces de atraer y gestionar a un grupo humano de cara a conseguir los objetivos marcados en organizaciones productivas.

Dentro de la evolución del concepto de emprendedor, tal vez el que nos resulta más interesante desde el punto de vista de su incidencia en el cambio social y económico es el de Joseph Schumpeter. El economista austriáco interpretó el concepto de empresario desde la perspectiva de la innovación, otorgándole un papel protagonista en el desenvolvimiento económico de la sociedad.

Deben entenderse ambos conceptos, emprendimiento e innovación, no como compartimentos estancos sino como dimensiones que interactúan y se relacionan. El desarrollo de nuevos proyectos tecnológicos o modelos económicos que supongan una ruptura de los arquetipos establecidos y que abran nuevos horizontes en el ámbito económico y laboral, constituye una auténtica revolución que lleva a un país, y su sociedad, a la vanguardia.